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lunes, 6 de enero de 2020

Maduro, hambre y miseria: la peor década en la historia de Venezuela

El éxodo marcó esta década para Venezuela. Foto: Vincent Tremeau/Acnur

Una cifra resume el periodo comprendido entre 2010 y 2019 para Venezuela: 4,6 millones. De acuerdo con las últimas estimaciones de Naciones Unidas, ese es el número de venezolanos que ha huído del país en medio de la peor crisis política y económica jamás sufrida por la que fuera una de las naciones más ricas del planeta en el siglo pasado.

Estadística de carne y hueso que representa cerca de 16% de la población total y marca una década donde se han registrado picos históricos de hiperinflación, devaluación de la moneda, escasez de alimentos y medicinas, homicidios, colapso de los servicios públicos y destrucción del aparato productivo.

“Si se considera que Venezuela era la sociedad más sedentaria del continente desde el siglo XIX, estamos ante un testimonio aterrador. En especial si recordamos que no han ocurrido catástrofes naturales en el territorio, ni guerras civiles”, advierte el profesor Elías Pino Iturrieta, individuo de número de la Academia Nacional de la Historia.

El Instituto Brookings, centro de pensamiento radicado en Washington, indicó que el éxodo que sacude al país sudamericano solo es comparable con el enfrentado por Siria. “La crisis de refugiados venezolanos es una de las más grandes en la historia moderna, y si las tendencias actuales continúan, podría haber hasta 6,5 millones de venezolanos viviendo fuera del país para 2020 (según las estimaciones del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados)”, recoge el informe publicado por los investigadores Dany Bahar y Meagan Dooley.

Pino Iturrieta subraya que “los que quieran levantar el telón de la diáspora, para comprenderla cabalmente, deben saber como ocurrió en el período el desmantelamiento de la República, es decir, una guerra triunfal del régimen chavista contra el entendimiento de la cohabitación que se había establecido en Venezuela durante la segunda mitad del siglo XX”.

Bomba atómica

Suele decirse que Venezuela entró tarde al siglo XX, tras la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en 1935. Quizás hoy puede afirmarse que esta década comenzó oficialmente a las 4:25 de la tarde del martes 5 de marzo de 2013. Ese día se anunció la muerte del comandante Hugo Chávez, hecho que partió en dos la historia contemporánea de Venezuela.

La revolución chavista tomó el poder, gracias al voto popular, en febrero de 1999 y su fundador expiró cuando se disponía a asumir un tercer mandato en el palacio de Miraflores con miras a completar 20 años en el poder de forma ininterrumpida. 

En su último mensaje a la nación, Chávez nombró como sucesor a su vicepresidente Maduro, quien fue declarado ganador de las elecciones del 14 de abril de 2013 con una ventaja de apenas 223.599 votos (1,49%) sobre el opositor Henrique Capriles Radonski, quien denunció una serie de irregularidades en el proceso. Pese a las críticas y reclamos, el chavismo se aferró a la silla presidencial abriendo de par en par la caja de los truenos en este decenio.

Maduro, el hombre que hizo estallar la bomba. Foto: AP/Matías Delacroix

“Se puede decir que Chávez construyó la bomba de la catástrofe y Maduro la hizo explotar”, detalla el politólogo Luis Salamanca. “Chávez puso en práctica políticas propias de las primeras décadas del siglo XX, muy usadas por los gobiernos comunistas (expropiaciones, confiscaciones, controles de precios, en fin, una economía de comando) agregándole un clientelismo masivo y su proverbial militarismo, armando así la receta con la cual destruiría prácticamente todo lo que los venezolanos habíamos construido”, acota el analista.


Maduro se presenta como “el hijo de Chávez” y protector de su legado. Partiendo de esa premisa, Salamanca observa que lo ocurrido en esta década es la continuación y profundización de un modelo que persigue “la conquista del poder total en Venezuela”. “La primera década fue de conquista y control del poder por vía democrática, la segunda ha sido de utilización de ese poder para retenerlo por vía no democrática”, apunta el experto.

Golpe a golpe

El índice de la democracia del semanario inglés The Economist identificaba a Venezuela en 2010 como un régimen “híbrido” con una valoración de 5,18 sobre 10. Ocho años después, descendió al nivel de régimen autoritario con 3,16 puntos. La pésima evaluación no sorprende si se toma en cuenta que actualmente los principales partidos de la oposición están ilegalizados, con sus líderes inhabilitados, presos o en el exilio, y que entre 2013 y 2018 cerraron 115 medios de comunicación, según el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa.

Maduro ha aplastado a sangre y fuego las protestas en su contra. En 2014, unas 43 personas murieron en el marco de manifestaciones que demandaban su salida del poder. Un año después, la oposición arrasó en las elecciones parlamentarias alcanzando los 2/3 de la Cámara, pero de inmediato el líder chavista utilizó el Tribunal Supremo de Justicia para neutralizar al Poder Legislativo. En 2017 sus detractores se echaron a las calles para defender al Parlamento y el régimen instaló una “plenipotenciaria” Asamblea Constituyente y volvió a responder con mano de hierro, dejando más de 120 fallecidos, miles de heridos y decenas de presos políticos.

La represión manchó de sangre las calles. Foto: AP/Fernando Llano

El golpe final lo propinó Maduro el 20 de mayo de 2018, declarándose ganador de unos comicios presidenciales que fueron boicoteados por la oposición y que han sido calificados de fraudulentos por Estados Unidos, las potencias europeas y la mayoría de la Organización de Estados Americanos (OEA). Pasando por encima de estos cuestionamientos, el gobernante sigue en el poder con el respaldo de una Fuerza Armada que se proclama “chavista” y “socialista”.

“Lo característico de los seis años de Maduro es la instauración definitiva de un sistema político dictatorial”, asevera Salamanca, quien ha acuñado el concepto de “dictadura evolutiva” para describir este fenómeno. “Es evolutiva porque se ha construido durante 20 años, no es como la dictadura que llega por golpe militar de la noche a la mañana, y aparece cuando la camarilla chavista está a punto de perder el poder democráticamente. Es una dictadura por socavamiento de la democracia y no por derrocamiento”, explica el politólogo.

En picada 

La hiperinflación en Venezuela entre enero y noviembre de este año llegó a 5.515,6%, según cálculos del Parlamento. Aunque parezca increíble este número podría considerarse “positivo” si se recuerda que el índice de precios al consumidor en todo 2018 se disparó hasta alcanzar la cifra récord de 1.698.844,2 %, de acuerdo con los cálculos del Poder Legislativo.

El tipo de cambio oficial amaneció el viernes 20 de diciembre en 47.167, 49 bolívares por dólar. “Por décadas y hasta el 18 de febrero de 1983, el dólar estuvo a 4,30 bolívares. Hoy pasó de 43.000. En el ínterin le quitaron 8 ceros a la moneda (las reconversiones de Chávez en 2008 y de Maduro en 2018). En total son 12 ceros. Es decir, que hoy se cumple el hito de haber aumentado el precio del dólar un millón de millones de veces”, escribió el 4 de diciembre en su cuenta Twitter el economista Ricardo Hausmann, profesor de la Universidad de Harvard.

La patronal Fedecámaras informó en julio que desde 1998 el sector privado de la economía se ha reducido en 60%. “En Venezuela en 1998 había 620.000 empresas, hoy apenas quedan abiertas unas 250.000”, comentó el presidente del gremio, Ricardo Cusanno. Peor ha sido el desplome de la producción petrolera, único motor de la economía venezolana, que en este mismo periodo cayó de 3,4 millones de barriles a unos 630 mil barriles por día, cortando drásticamente el flujo de caja del Estado.

La empresa privada se hundió al grito de "¡exprópiese!" Foto: La Verdad


Los constantes apagones - en marzo de este año prácticamente todo el territorio nacional se quedó a oscuras por seis días-, el racionamiento eléctrico y la escasez de combustible en el país con las mayores reservas de petróleo en el mundo, han paralizado el aparato productivo. 

El salario mínimo mensual equivale a 6 dólares, mientras el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores estima que el costo de la canasta básica de alimentos que requiere una familia se ubica en 142 dólares al mes. “Esta última década ha sido una montaña rusa cuyo pico estuvo en 2013, pero a partir de ese momento comienza una caída propia de un país en guerra que provocó la pérdida de 2/3 del Producto Interno Bruto (PIB), con un ambiente de hiperinflación desde 2017 que complica aún más la situación para los venezolanos”, sostiene Henkel García, director de la firma Econométrica.

Con hambre

El sociólogo Luis Pedro España, experto en el estudio de la pobreza en Venezuela, opina que esta década está atravesada por una palabra: “desigualdad”. “Para poder sobrevivir, el gobierno de Maduro pasó de su socialismo del siglo XXI al capitalismo salvaje más primitivo, desmontando todas las políticas sociales y arrojando como saldo la profundización de la desigualdad”, describe el investigador de la Universidad Católica Andrés Bello.

Un informe redactado por los sociólogos España y María Gabriela Ponce precisa que “para 2014 el 10% de los hogares más pobres captaba el 2,1% del ingreso total, mientras que el decil más rico concentraba el 30%”. Tres años más tarde, apuntan los expertos, “el decil más pobre reduce su participación a menos de la mitad captando solo el 0,7% del ingreso total, mientras que el decil más rico duplica su participación al concentrar el 61% del ingreso de todos los hogares”.

La pobreza azota al pueblo venezolano. Foto: AP/Rodrigo Abd


“Los resultados para Venezuela del año 2017, con un Coeficiente Gini de 0,681, nos ubica sin duda alguna como el más desigual de la región, por encima de Haití , en el continente reconocido como uno de los más desiguales del mundo”, sentencian España y Ponce.

Nueve de cada diez familias no cuentan con los ingresos suficientes para comprar alimentos, según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) realizada por las universidades Central de Venezuela, Católica Andrés Bello y Simón Bolívar. El análisis determinó que entre 2015 y 2018 pasó de 41% a 51% la cantidad de familias venezolanas hundidas en la pobreza multidimensional, que mide estado de la vivienda, funcionamiento de los servicios básicos y acceso a educación, empleo y protección social. Si solo se valora la variable ingresos, hasta 2017 la pobreza golpeaba a 87% de los hogares venezolanos.

“Venezuela perdió 3,5 años en la esperanza de vida al nacer, algo asociado a las condiciones de desarrollo y bienestar de la población. Solamente los países de la Federación Rusa durante la crisis de disolución de la Unión Soviética o Camboya luego de la guerra tuvieron una situación similar, lo que indica cuan grave es la situación”, expresó la demógrafa Antiza Freitez, coordinadora de la Encovi, en declaraciones reseñadas por la cadena CNN en Español.

La violencia criminal también se ha ensañado contra la población. El Estudio Mundial Sobre el Homicidio divulgado por Naciones Unidas en julio pasado concluyó que Venezuela fue el país de Sudamérica que registró más muertes violentas en 2017, con una tasa de 57 homicidios intencionales por cada 100 mil habitantes. En el caso de Caracas, la tasa remonta a 122 homicidios intencionales por cada 100 mil habitantes. 

¿Fin de ciclo?

Venezuela cierra esta década con dos “presidentes”. Maduro continúa despachando en el palacio de Miraflores, desde donde maneja los hilos del Estado con el respaldo de la Fuerza Armada y una alianza internacional encabezada por Cuba, Rusia, Irán, China y Turquía. 

En la otra esquina se encuentra el jefe del Parlamento opositor, Juan Guaidó, que el 23 de enero se juramentó mandatario encargado de la República y ha contado con el reconocimiento de Estados Unidos, las potencias europeas y la mayoría de los miembros de la OEA, que acusan al líder chavista de haber cometido fraude en las elecciones del 20 de mayo de 2018.

Juan Guaidó, jefe del Parlamento, Presidente interino y (pen)última esperanza

Washington, la Unión Europea y los gobiernos latinoamericanos que conforman el Grupo de Lima han venido aplicando sanciones para tratar de asfixiar al oficialismo, pero hasta la fecha no han tenido éxito. El castigo más duro ha sido impuesto por la Casa Blanca, a través de restricciones a la estatal Petróleos de Venezuela y la congelación de activos de la nación en el exterior, lo que ha llevado a Maduro a denunciar un “bloqueo económico” y culpar al “imperialismo” de todos los males que afligen a los venezolanos.

Ya termina esta década. ¿Con ella hallará fin el conflicto venezolano? “Hay tres caminos abiertos, no uno solo. El camino de la consolidación de la dictadura ejecutiva, el camino de la transición hacia la democracia, y un tercer camino que puede ser de ‘estira y encoge’, es decir, el estancamiento político dentro de la crisis social y económica”, responde el politólogo Salamanca.

Al historiador Pino Iturrieta le cuesta ser optimista. “De una trama homogénea en términos de civilidad se ha pasado a una duplicidad en el manejo de los poderes públicos que no permite vislumbrar una solución inmediata, y que auspicia el crecimiento del despoblamiento generalizado de una sociedad que se ufanaba de su pertenencia al ‘paraíso’ para terminar en el sendero de una dolorosa peregrinación”.

Nota publicada en Yahoo Noticias el 30 de diciembre de 2019


sábado, 28 de diciembre de 2019

¿Qué vivienda me puedo comprar con 100.000 dólares en Caracas?


Apartamento en venta ubicado en el municipio Sucre. Cortesía: Yelid Cornejo


En 1955 el escritor Miguel Otero Silva publicó una obra emblemática de la literatura latinoamericana titulada “Casas muertas”, relato de la destrucción de un pueblo enclavado en los llanos venezolanos. Medio siglo después y tras cinco años de una recesión que ha reducido a la mitad el tamaño de su economía, Venezuela contempla la ruina de su sector inmobiliario con una contracción de 89% desde 2013.

La prolongada crisis económica que sufre la República Bolivariana ha echado abajo los precios de las viviendas, especialmente en el mercado secundario. “En un período de 5 años y medio, los precios de los apartamentos en el Área Metropolitana de Caracas (AMC) han descendido en un 48%”, señala Rosalinda Bruzual, directora del Departamento de Estadísticas e Información de la Cámara  Inmobiliaria Metropolitana.

“Esto quiere decir que a principios de 2014 con 100.000 dólares se podía comprar un  apartamento de solo 67 metros cuadrados (m2) en promedio en todo el AMC. En cambio, ahora con un presupuesto de 100 mil dólares se puede adquirir, en términos promedios, un apartamento de 129 m2”, comenta Bruzual.

De acuerdo con los estudios de la Cámara Inmobiliaria Metropolitana, con 100 mil dólares se puede adquirir un apartamento de 70 m2 en Chacao, municipio calificado como “premium” en la capital venezolana, o dos apartamentos de 100 m2 en Libertador, el municipio más pobre y violento de la ciudad.

Bruzual explica que “la merma en los precios de la oferta inmobiliaria se debe básicamente a la falta de crédito para la adquisición de inmuebles, la destrucción del poder adquisitivo y de ahorro de los compradores, la sobre oferta de inmuebles y la emigración, así como el entorno económico nacional signado por la hiperinflación y la devaluación de la moneda”.

Del auge al remate

La agente inmobiliario Yelid Cornejo ofrece dos opciones de segunda mano -mercado secundario-, cada una por 100 mil dólares, en Baruta, municipio de clase media de Caracas. La primera es una casa ubicada en la urbanización Piedra Azul. Su descripción: 400 metros de construcción y 320 de terreno, cinco habitaciones, cuatro baños, sala y comedor amplios, caney tasca y tres puestos de estacionamiento. 

La otra oferta es un apartamento de 110 m2 en la urbanización Las Esmeraldas con tres habitaciones más una de servicio, dos baños más uno de servicio, dos puestos de estacionamiento techados, maletero, vigilancia 24 horas, sistema de cámaras, aire acondicionado, vista panorámica y -según la reseña- algo muy valioso en un país que padece el colapso de los servicios públicos: “no tiene problemas de agua”.

Apartamento ubicado en Las Esmeraldas, Baruta. Cortesía: Yelid Cornejo

Una tercera oferta por 115 mil dólares se halla en Sucre, municipio capitalino donde conviven urbanizaciones de clase media con Petare, uno de los barrios pobres más grandes de América Latina. Se trata de un apartamento de 106 m2 con tres habitaciones, dos baños, dos estacionamientos, aire acondicionado, vigilancia privada y lavandero con tanque de agua. 

“Nuestro mercado está muy volátil porque depende de muchos factores. Por ejemplo, en enero ocurrió el llamado ‘efecto Guaidó’, que por las esperanzas de cambio provocó un pequeño aumento después de haber tenido un 2018 hacia la baja. Sin embargo, ese efecto fue breve y a partir de julio comenzaron a bajar los precios inclusive a niveles de remate”, advierte Cornejo.

El “efecto Guaidó” se refiere a Juan Guaidó, jefe del Parlamento que en enero se juramentó presidente interino de la República y recibió el reconocimiento de más de 50 países, incluidos Estados Unidos, las potencias europeas y la mayoría de los miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA). La irrupción de Guaidó parecía abrir el camino hacia una posible transición, pero el régimen de Nicolás Maduro ha resistido la embestida y diez meses después las expectativas sobre un cambio rápido ya se han esfumado.

La Organización de Naciones Unidas indica que desde 2015 han abandonado el país unos 4,5 millones de venezolanos, a consecuencia de la emergencia humanitaria compleja. El éxodo también ha impactado el mercado inmobiliario. “La oferta de inmuebles aumenta, los pocos compradores con dinero en mano marcan el precio y los propietarios aceptan propuestas muchas veces de remate.  Es decir, es como si el mercado lo marcaran los compradores”, acota Cornejo.

Acnur ha alertado sobre el impacto del éxodo de los venzolanos en la región

La asesora inmobiliaria resalta que “el mercado primario -nuevas construcciones- está llenándose de edificios de oficinas, son muy pocas las opciones de viviendas y las que se construyen están básicamente en urbanizaciones de alto target, muy por encima de los 100 mil dólares”.

Una excepción a la norma se encuentra en El Rosal, Chacao. Un apartamento nuevo de 86 m2 con dos habitaciones, dos baños, dos puestos de estacionamiento, un maletero, cerco eléctrico, vigilancia 24 horas, pozo de agua y salón de fiesta se vende en 110 mil dólares. Para terminar de convencer al interesado, agregan que este apartamento tiene “vista al Ávila”, la imponente montaña que adorna a la atribulada capital venezolana.

Una quimera

El Banco Central de Venezuela, que ha pasado años sin publicar cifras y que es acusado de alterar las estadísticas oficiales por órdenes de Maduro, reportó en octubre que durante el primer trimestre de 2019 la construcción se desplomó 74,1% con respecto al mismo periodo de 2018. 

“Actualmente el mercado no existe básicamente porque no se construye”, sostiene Aquiles Martini Pietri, presidente de la Comisión de Infraestructura, Vivienda y Hábitat de la patronal Fedecámaras. El representante gremial apunta que las expropiaciones y nacionalizaciones ejecutadas en estos 20 años de régimen chavista han paralizado la producción de insumos para la construcción como acero, vigas y cemento. 

Martini Pietri subraya que “en Venezuela no existe el crédito para viviendas por la hiperinflación”, que entre enero y septiembre de 2019 alcanzó 4.580%, según el Banco Central. Además, el sueldo mínimo fijado por el régimen chavista equivale a unos 5 dólares mensuales y 9 de cada 10 venezolanos no cuentan con los ingresos suficientes para comprar los alimentos que necesitan, de acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) dirigida por las universidades Central de Venezuela, Católica Andrés Bello y Simón Bolívar.

El propio Maduro dijo el 12 de octubre a todos los venezolanos en una cadena de radio y televisión: “Ninguno de ustedes puede salir al mercado capitalista a comprar un apartamento o una casa”. En contraste, afirmó que desde 2011 como parte de la Misión Vivienda el régimen chavista ha construido unas 2,8 millones de vivienda, cifra que es rebatida por expertos del área y la Cámara Inmobiliaria, y que jamás ha sido objeto de una auditoría independiente.

El régimen chavista dice haber construido 3 millones de viviendas

Corrupción y negocio

“Aquí no hay ahorros ni recursos que permitan dar financiamiento a largo plazo, lo máximo que otorgan los bancos son créditos comerciales y no superan los 36 meses. Pudiera ser que algún ‘enchufado’ consiga con la banca del gobierno hasta 5 años, pero no hay dinero que permita dar financiamiento a largo plazo”, enfatiza Gustavo Izaguirre, decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela.

“Enchufado” es el término peyorativo para identificar a las personas que obtienen prebendas gracias a sus conexiones con el régimen chavista. No pocos de ellos hoy residen en las zonas más exclusivas de Caracas. “La nación está hundida en la corrupción generalizada”, responde Martini Pietri cuando se le pregunta por los nuevos vecinos, funcionarios civiles, militares y policiales, capaces de desembolsar miles de dólares para adquirir una vivienda en las urbanizaciones ricas de la capital bolivariana.

En las últimas semanas se corrió el rumor de que el oficialismo llevaría a cabo el plan “Ubica tu casa”, supuestamente para registrar las viviendas abandonadas y tomarlas por la fuerza. Esto fue totalmente negado por el Ejecutivo. Pero sí es cierto que autorizaron la aplicación de un censo nacional de población y vivienda, que ha sido cuestionado por los expertos debido a que será realizado dos años antes de lo previsto y por militantes del chavismo.

La construcción se hunde por la debacle económica. Cortesía: Yelid Cornejo.

“El mercado del alquiler de viviendas fue eliminado en la práctica en 2011 a través de una ley que violenta los derechos de propiedad, donde se establece que el arrendador no puede recuperar su vivienda si el inquilino no decide salirse o si el gobierno no le consigue otra”, recuerda Martini Pietri. Pasando por encima de las críticas y el impacto negativo sobre el mercado, el chavismo aprobó esa norma bajo la consigna de que la “vivienda no es una mercancía”.

A pesar de este cuadro negativo, el sector inmobiliario de Caracas podría ser un buen negocio para aquel inversionista arriesgado que quiere sacarle el mayor provecho a su dinero. “La contracción obedece a la situación política y legal que enfrentamos, pero en otro contexto un inmueble de 30 mil dólares se pudiera revalorizar en menos de un año hasta alcanzar los 90 o 110 mil dólares, precio razonable para un apartamento de lujo en Caracas”, finaliza Izaguirre.

Nota publicada el 11 de diciembre de 2019 en Yahoo Finanzas.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Diputados chavistas y opositores confiesan que ahora son más pobres y que el sueldo no les alcanza

Oferta de empleo. Se busca persona que esté dispuesta a recibir desde una mentada de madre hasta un puñetazo en el ojo por expresar sus ideas. En caso de que el interesado resida en el interior del país, tendrá que arreglárselas para venir a Caracas al menos tres días a la semana. Además, tiene que estar consciente de que su oficina será un verdadero campo de batalla y de que si la mayoría de sus compañeros de trabajo se molestan, pueden enviarlo a la cárcel. Remuneración: equivalente al 30% de la canasta básica familiar.

A primera vista, la vacante no parece muy apetecible. Pero algo debe tener. De lo contrario, no se entendería el afán de 1.799 venezolanos que sueñan con ocupar ese cargo. Según el Consejo Nacional Electoral, ese es el número de candidatos que se medirán el próximo 6 de diciembre en las elecciones parlamentarias.

En la actualidad, un diputado percibe un sueldo base de 29.686,72 bolívares. El paquete mensual es superior, incluyendo gastos de representación, transporte y alimentación, dependiendo de la región de origen del representante. Uno del estado Zulia puede llegar a cobrar hasta Bs. 48.999,81, mientras que los caraqueños deben conformarse con Bs. 42.099,81. Como en el caso de todos los trabajadores del país, ese monto total sufre las deducciones que impone el marco legal vigente.

Aunque es imposible seguirle el ritmo a la inflación venezolana, el pago básico de los legisladores ha ido incrementándose progresivamente en 2015. En enero pasado, recibían Bs. 17.005,60. Cuatro meses después, en junio, el comprobante marcaba Bs. 26.987,92. Ahora esperan que su presidente, Diosdado Cabello, les conceda el aumento de 30% que el jefe de Estado, Nicolás Maduro, decretó en octubre. “Eso viene seguro, está acordado”, afirman confiados en los pasillos de la Asamblea Nacional (AN). De ser así, los miembros de la Cámara terminarán el periodo casi en Bs. 40 mil.

Por el suelo
Recibo de pago de un diputado de Caracas para enero de 2015


El ingreso básico de los asambleístas está muy por debajo del tope que impone la Ley Orgánica de Emolumentos, Pensiones y Jubilaciones de los Altos Funcionarios y Altas Funcionarias del Poder Público, publicada en Gaceta Oficial el 12 de enero de 2011. El artículo 8 de la norma establece que los parlamentarios –al igual que el Presidente de la República y sus ministros, los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, los rectores del CNE y los máximos jerarcas del resto de los poderes públicos- recibirán un “monto equivalente a doce salarios mínimos corno límite máximo de emolumentos mensuales”.

El salario mínimo trepó este mes hasta Bs. 9.649, es decir, que los diputados podrían cobrar Bs. 115.788. Sin embargo, el texto legal citado advierte que “el incremento del salario mínimo nacional no implica el aumento del monto absoluto de los emolumentos establecidos en las escalas de sueldos y salarios, así como del sistema de beneficios sociales de los altos funcionarios, altas funcionarias, personal de alto nivel y de dirección del Poder Público y de elección popular”.

A diferencia del común de los mortales bolivarianos, los legisladores no pueden “matar tigres”. El artículo 197 de la Constitución apunta que “están obligados u obligadas a cumplir sus labores a dedicación exclusiva”. A su vez, la mencionada Ley de Emolumentos les prohíbe “percibir remuneraciones o asignaciones, cualquiera sea su denominación o método de cálculo, tengan o no carácter salarial o remunerativo, distintos a los establecidos expresamente” en esta norma.

Con esos ingresos, los parlamentarios deben intentar cubrir una canasta básica familiar que en septiembre alcanzó Bs. 97.291,86, según los cálculos del Centro de Documentación y Análisis Social (Cenda) de la Federación Venezolana de Maestros.

No llegan

Recibo de pago de un diputado del estado Zulia correspondiente a la última quincena de octubre de 2015
“Nosotros tenemos que pasar mínimo tres días en Caracas a la semana. Muchos deben pagar pasajes de avión, hotel, comida, taxis… a veces tenemos que hacer una recolecta para ayudar a algún colega y en el caso nuestros suplentes es peor, porque ganan mucho menos –cobran por sesión asistida”, relata un representante de la bancada de la Unidad.

La Ley de Emolumentos equipara a los asambleístas con rectores, magistrados y demás jefes de los poderes públicos. No obstante, el opositor sostiene que esa igualdad no pasa del papel. “Ellos cobran más y tienen bonificaciones especiales, vehículos asignados, choferes y guardaespaldas”, compara.

El diputado Ángel Medina (PJ-Miranda) subraya que “más del 60% de la dieta mensual que percibimos se gasta en venir a las sesiones de la AN. Pasajes de avión o por tierra, hospedaje y alimentación se comen prácticamente todo el sueldo”.

Medina, quien ahora busca la reelección por el estado Bolívar, explica que “un diputado no tiene ni teléfonos asignados, ni vehículos, ni escoltas ni una oficina digna donde atender a sus electores”. A su juicio, algunos de sus colegas rojos que gozan las mieles del poder son los responsables de transmitir la imagen del “diputado millonario”. “Con escoltas de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) y carros lujosos”, espeta.

“Esta AN pasará a la historia no solo por desconocer la institucionalidad, negando a la minoría la posibilidad de sentarse en la junta directiva y violando la distribución equitativa de las comisiones permanentes, sino por quebrantar el derecho que tenemos los parlamentarios a una remuneración justa que facilite el desempeño de nuestras funciones”, manifiesta Rodolfo Rodríguez (AD-Anzoátegui).

No es el recibo de pago lo que anima a un ciudadano a competir por una curul de la Cámara. Rodríguez lo tiene claro. Sin embargo, indica que un sueldo tan precario “hace prácticamente imposible asumir los costos de traslado, hospedaje y alimentación”. En su opinión, esto configura “un ejemplo más del maltrato e irrespeto que sufrimos por adversar a este Gobierno antidemocrático”.

Un hueco en el bolsillo

Cuando se le pregunta por los privilegios que supuestamente disfrutan los miembros de la bancada roja, un diputado del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) responde: “serán algunos”. “Tenemos camaradas de Portuguesa, Yaracuy y Aragua que se vienen en autobús a la capital. Los de Delta Amacuro también la pasan mal, con ese sueldo es difícil vivir”, asevera.

Los representantes del PSUV tienen la ventaja de que el hotel Alba Caracas les brinda una tarifa preferencial, pero el legislador consultado se queja de la calidad del servicio. “A veces hasta le falla el aire acondicionado”, refunfuña.

El parlamentario Braulio Álvarez (PSUV-Yaracuy) dice que el hecho de percibir “la dieta más baja de todos los diputados del mundo” les insufla “mucha moral” para continuar con su trabajo. “Nosotros viajamos a las regiones sin esperar por los viáticos, la AN no descansa”, enfatiza el constituyente de 1999.

Dejando a un lado las diferencias políticas, Álvarez reconoce que sus pares de la oposición también deben hacer sacrificios para cumplir con sus responsabilidades. Igualmente, admite que “los diputados activos y jubilados han hecho solicitudes de mejora” a Cabello, quien habría atendido con prudencia estas peticiones para evitar “cualquier acción de descalificación que pueda surgir del pueblo ante un ajuste de dieta”.

Jesús Montilla (PSUV-Falcón) lo confiesa sin ambages: “puedo decir que yo me empobrecí en estos cinco años en mi patrimonio personal”. Mas no se lamenta. “Tengo 37 años militando y nos tocó trabajar durísimo antes de la llegada del comandante Hugo Chávez para tener presencia política. Nunca tuvimos cargo de representación que nos diera aunque sea para los gastos”.

Antes de arribar al Palacio Federal Legislativo, Montilla gobernó el estado Falcón entre 2000 y 2008. “Puedo decirte que las diferencias son abismales. Como gobernador tienes el poder ejecutivo, manejas recursos, construyes, inauguras, ves el trabajo concreto. En la AN el trabajo es más de debate político, no manejas recursos, a veces sientes impotencia. Uno ve como con ingenuidad algunos diputados nuevos hablan de hacer obras, grandes proyectos, cuando evidentemente esa no es la función de un diputado. O lo hacen por ignorancia o por demagogia”, observa el dirigente falconiano.

Esas “diferencias abismales” no son comprendidas fácilmente por la población, que se acerca a los diputados buscando soluciones inmediatas a sus problemas. “Yo soy esposo de la gobernadora (Stella Lugo) y la gente siempre llega haciendo muchísimos planteamientos. Tengo que decirles que como parlamentario no tengo recursos, y lo que uno tiene como sueldo lo gasta en pasajes, en hospedaje, en la comida, y a duras penas alcanza. Por ejemplo, yo viajo a Caracas por carretera, no en avión. Además, están los gastos personales de familia”, comenta Montilla.

Otra que ha visto mermadas sus finanzas personales es Nancy Ascencio (PSUV-Bolívar). “Ahora tengo menos de lo que tenía antes”, revela. Aunque resalta que en los últimos años, bajo la administración de Cabello, “hemos recibido mejores remuneraciones”.

“La gente cree que nosotros somos millonarios, pero a quien le gusta este trabajo lo hace sin importar nada. Yo siempre digo que no tengo tanques de agua ni cocinas que regalar, lo que sí hay es conciencia que debemos despertar”, declara Ascencio repitiendo a la perfección el discurso oficial.

Los peores

Con la finalidad de promover un debate interno y sustentar sus reclamos, un diputado de la Unidad realizó en abril de este año un cuadro para comparar los ingresos mensuales de los legisladores venezolanos con los percibidos por sus similares de doce países.

Aplicando la tasa del Sistema Marginal de Divisas (Simadi) del momento, el asambleísta obtuvo los siguientes resultados:
-          Argentina: Bs. 893.485,50
-          Bolivia: Bs. 477.691,50
-          Chile: Bs. 3.084.853,50
-          Colombia: Bs. 2.358.000
-           México: Bs. 1.375.500
-          Paraguay: Bs. 1.415.979
-          Perú: Bs. 2.169.949,50
-          Alemania: Bs. 1.572.000
-          España: Bs. 987.255,30
-          Francia: Bs. 1.375.500
-          Inglaterra: Bs. 1.161.708
-          Italia: Bs. 1.965.000
    
    En abril de 2015, un legislador del Zulia sumando su sueldo básico (Bs. 17.005,60) y los gastos de representación (15.488,09) percibía Bs. 32.493,69. Un ejercicio más tortuoso para los afectados, sería convertir  en dólares el sueldo básico actual (Bs. 29.686,72) tomando como referencia los distintos tipos de cambio vigentes.
-        Preferencial: 4.712 dólares.
-        Sistema Complementario de Administración de Divisas: 2.474 dólares.
-        Simadi: 149 dólares.

-        Dólar Today: una lágrima.

Constancia emitida por la Secretaría de la Asamblea Nacional a solicitud de un diputado del estado Carabobo que refleja su dieta básica mensual




Nota publicada en Clímax